Dispensadores y objetos de bar en roble macizo
Cortada a lo radial, lijada a mano y terminada con aceite
El licor baja por dentro de la madera y espera ahí
Y el licor sale al frente, sin levantar nada
Que se para en la bandeja mientras se sirve
Un objeto que se queda en la mesa
Los radios medulares solo aparecen en roble. La acacia y el pino no los tienen.
La letra queda dentro de la madera, con profundidad y sin color.
La botella se apoya boca abajo y el licor baja por dentro.
De palanca y envejecida. Es la pieza que se toca todos los días.
El vaso se para ahí. No hay que sostener nada ni medir nada.
Se cierra la llave y la botella se queda donde estaba.
Universales, no genéricos
El dispensador no viene con una botella: viene con el hueco donde entra la tuya. Elige una y míralo puesto.
La de litro·Suele traer 1000 ml
La de siempre, la que llega a la finca. Cuello de rosca estándar: entra derecho y se queda quieta.
El agujero de arriba mide 4 cm y lleva un collarín donde se apoya el cuello. Entra cualquier botella de licor de cuello estándar, que en Colombia son casi todas. Si la tuya lo tiene más ancho, no entra: esa es la única regla.
Antes de comprarlo
Es la pieza de verdad, a tamaño real: 27 cm de alto. Gírala con el dedo, y desde el celular ponla sobre tu mesa con la cámara y camina alrededor.
Se abre la cámara de tu teléfono. No hay que instalar nada.
Ábrela desde el celular para ponerla en tu mesa.
Dispensador
Roble macizo, llave de latón y bandeja. Se graba con la frase que tú elijas, en capital romana y de un solo tamaño.
Así queda grabado
Garantía 12 meses · Si gotea, se cambia
El oficio
Grano por grano hasta que la veta se siente con el dedo. A máquina queda parejo y muerto; a mano queda parejo y vivo.
Los poros y los pinchazos se rellenan con masilla del color de esa pieza, no de un tarro genérico. Un punto amarillo sobre roble se ve a un metro.
Láser, ninguna línea por debajo de 0,8 mm, y la veta cruzada. Antes de encender la máquina se confirma el texto por escrito con el cliente.
El borde carbonizado suelta hollín. Si no se retira, la primera vez que alguien pase el dedo se lleva la mitad de la letra.
Nunca antes: si la madera va aceitada, el láser quema el aceite y el grabado queda sucio y con olor. Por eso el orden no se cambia.
La madera
El dispensador de madera grabado se importa por catálogo en cientos de referencias. La forma no se puede defender. La madera sí.
Acacia o pino
Veta ondulada, mucha variación de tono y albura clara mezclada. Acabado brillante que delata el barniz. Es lo que llega de importación.
Roble macizo
Veta recta y esos radios plateados que cruzan en diagonal. Solo aparecen en roble y solo con corte radial. Acabado al aceite, mate y al tacto.
En números
El grabado
La marca queda en el objeto para siempre y con su nombre debajo. Por eso hay cosas que no se graban aunque el cliente insista.
Sí se graba
No se graba
El empaque
Cartón kraft, impreso en un solo color. Es la caja que cualquier corrugadora del país hace sin pagar un troquel nuevo, y el registro de huacal dice lo mismo que dice el objeto: oficio, no regalo de vitrina.
Trazabilidad
Debajo de la bandeja, donde nadie mira hasta que voltea la pieza, van cinco líneas grabadas. El lote no es un adorno: es una tanda de madera, y se anota cuando la madera entra al taller, no cuando sale el mueble.
El día que alguien reclame, ese número dice si fue esa pieza o fue esa tanda.
La marca
Nació de una pregunta incómoda
El dispensador de madera grabado ya existía. Se importa por catálogo, se graba con un chiste de oficio y se vende como el regalo de diciembre. La pregunta era por qué todos se parecen tanto.
La respuesta estaba en la madera. Casi todos se hacen en acacia o en pino: madera barata, veta manchada, acabado brillante. Mr Roble hace el mismo objeto en roble macizo, lo termina con aceite y compone la frase como una inscripción y no como un aviso. Cuesta más y se nota de lejos.
[Aquí va el año y la ciudad donde arrancó el taller, y quién lo hace. Es lo único de esta página que todavía no está confirmado.]
Preguntas
Sí, y es el punto. La escribes arriba y la ves compuesta en la misma letra con la que se va a quemar. Antes de encender la máquina te devolvemos el texto exacto en un mensaje aparte y esperamos tu confirmación por escrito.
Un grabado mal escrito no se corrige: se vuelve a hacer la pieza. Si el error fue del taller, la reponemos sin cobrar. Si confirmaste el texto y estaba mal escrito, la nueva vale $20.000 —un tercio de lo que cuesta grabarla, el resto lo pone el taller—. Lo decimos antes de vender, no después.
Paño apenas húmedo y secar de una. Nunca al lavaplatos ni en remojo. El aceite se puede volver a aplicar en casa cuando la madera se vea seca, que es justo lo que un barniz no permite.
No, y no deberían serlo. El nudo pequeño y la diferencia de tono entre una pieza y otra no son defectos: son la prueba de que es madera maciza y no lámina. Lo que sí rechazamos son grietas pasantes, alabeo y nudo suelto en la cara del grabado.
Doce meses: si gotea, se cambia. El latón se oscurece con el uso y con la humedad de la mano; esa pátina no es un defecto, es el material haciendo lo que hace, y no entra en la garantía.
Entra boca abajo por el cuello. El agujero de arriba mide 4 cm de diámetro y lleva un collarín donde el cuello se apoya, así que sirve cualquier botella de licor de cuello estándar: la de litro, la garrafa, la media, whisky, vodka o ron. Si tu botella tiene el cuello más ancho que eso, no entra.
Un objeto que se queda en la mesa mucho después de que se olvide quién lo regaló.
Pedir el míoHecho en Colombia · Roble macizo · mrroble.co